No he matado a nadie pero me siento Daniel Sancho

Cuando la culpabilidad es aprendida

Cómo es posible que siendo una buena persona, tratando de hacer lo correcto, cuidando de los tuyos y no haciendo el mal a nadie, al menos conscientemente, nos lleguemos a sentir como aquel psicópata que mata, descuartiza y esconde por ahí a quien se le presenta en su camino.

Y es que, ese sentimiento me ha acompañado durante toda mi vida, la culpabilidad aprendida….supongo que estar educada con la sensación de que todo lo que hacía podía tener consecuencias desproporcionadas en la vida de otras personas y estar domesticada en la cultura Judeo Cristiana que te hace repetir esa demoledora frase desde la infancia….por mi culpa, por mi culpa….por mi gran culpa….ha ido generando en mí ese terrible lastre emocional.

Y además, esa culpabilidad absurda llega a límites insospechados, de chiste ridículo cuando por ejemplo, me cruzo con la policía y sin tener ni una sola multa de tráfico, siento que algo habré hecho mal y que me van a pillar con el cuerpo de un tipo muerto en el maletero de mi coche.

Es un lastre muy pesado que te dice constantemente que no eres buena madre si no has preparado hoy una comida elaborada y saludable, que no eres buena amiga si no haces todo tipo de favores, o que no eres buena pareja, si piensas demasiado en tí misma.

Con la culpa, la vergüenza  y el miedo, se controlan a las sociedades, es una de las maneras más sibilinas y coercitivas, de conseguir que la gente viva sumisa y amaestrada, siendo la religión y la política, grandes maestros de generar ese poder.

Pero yo, que he sido siempre bastante inconformista, me niego a vivir desde la culpa y he encontrado la fórmula para alejarme de ella…..el perdón. 

El perdón es la antítesis de la culpa, de manera que yo me perdono por todo….

He dejado atrás la autoexigencia y he aprendido a perdonarme, a no culparme por no llegar, a abrazar mis imperfecciones y a ser consciente que soy responsable de mi vida y de mis decisiones, pero no soy culpable de las consecuencias de se deriven de esas elecciones.

En resumidas cuentas, me siento mucho más libre y en paz conmigo misma y con el mundo, porque ya me deshice del cuerpo imaginario que llevaba escondido en mi maletero.

       

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