Psicóloga se nace

Tener el don de conectar con las personas es innato.

Desde muy jovencita, tuve claro que lo mío era la Psicología, intentar comprender por qué somos como somos, lo que nos lleva a actuar de una manera concreta  o por qué tragamos con cosas que no nos hacen bien.

Yo creo que casi todas las personas que estudiamos Psicología, lo hacemos un poco para autoayudarnos.

En mi casa se respiraba malestar y tristeza, emociones que eran compensadas por el equilibrio, el amor y la calidez que nos aportaban nuestros abuelos.

Me gustaba observar el comportamiento de mi familia, sus roles, su manera de tratar a los demás…. y mi capacidad analítica, me daba una información muy valiosa, que posteriormente me ayudaría a entender muchas cosas.

Cuando empecé a estudiar en la Universidad, creía que descubriría los secretos ocultos del ser humano y que me convertiría en una especie de enciclopedia que albergaba todas las respuestas, que ayudarían a las personas a mejorar sus vidas en un clic, pero  después de 5 años de carrera, llegué a la conclusión que  había entendido bien poco, de aquellas cuestiones profundas, que hacían tan infeliz al ser humano.

En la Facultad, todo es ciencia, se estudian las etiquetas que encuadran comportamientos de las personas, como en una regla de tres…..si haces esto, eres esto otro.…. y a mí, me faltaba mucho más conocimiento para poder tratar con las emociones.

Por un tiempo sentí, que todo había sido un fracaso, que yo no podía ayudar a nadie….así que hice un Máster de Dirección de RRHH y durante los primeros años de mi carrera profesional, me dediqué a esa rama.

Durante toda mi vida, había crecido con una creencia limitante…..«la sabiduría siempre está en el conocimiento externo», en entender teorías complejas para ponerlas en práctica, ya que la intuición, la energía o la conexión con las personas era pura fantasía.

Pero la Psicología no es una ciencia exacta, no explica que miremos a las personas a los ojos y veamos por dentro su sufrimiento, ni que sintamos su energía y su poder.

No tiene argumentos que expliquen por qué de pronto, sin utilizar la razón y de manera intuitiva, seamos capaces de sacar el dolor con delicadeza y lejos de ponerle una etiqueta, fluyamos con esa persona en el camino hacia la libertad emocional.

Eso no se aprende en el aula, eso se siente….la conexión de almas que se produce cuando alguien vulnerable confía en ti, es un momento mágico desde la visión más holística de la persona.

Por eso me atrevo a decir, que no es sólo el conocimiento externo lo que nos hace ser buenas profesionales, sino la sabiduría interior, con la que venimos de serie y que nos cuesta tanto descubrir a lo largo de la vida.

Yo soy Psicóloga, porque lo sentí desde siempre y no sólo por un título.

Feliz vida!! 

 

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